Proyección de fuga
Está en su triste cénit mi ansiedad de escaparme,
de partir los caminos de la ciudad doliente
y asemejarme a la paz brumosa de los árboles
allá en la distancia, cuajados de pájaros,
de libertades fieles, de gritos deshojados.
Sólo huir de mi ser y llegar hasta mi sueño
para construirle refugios a mi vida mojada.
Y entonces resguardarme de la lluvia. Evocándote.
Porque adonde yo vaya llevaré tu memoria,
tu sonrisa agridulce, tu quieto latir de alma.
Serás mío para siempre, coronarás tu ausencia,
serás el que yo ame hasta que muera el tiempo.
Desapareceré de golpe hacia otras cadenas,
sucede que mi libertad se quedará en tu pecho
para que yo te busque donde siempre te busco.
Allí yacerán mis costumbre olvidadas. Aún llueve.
Huiré bajo un incendio de gotas afiladas.
Ya te veo olvidándome ante los espejos
antes de haberme ido de mi juventud última.
Quiero que sepas todo lo que nunca te dije.
Pregúntale al vacío. De allí emerge mi silencio.
Tal vez me vaya, pero no me iré sin recordarte,
arrancaré de mí la parte que yo más amo
clavándola en tu pecho como si fuese tuya.
Adiós, no quiero irme, pero ansío tanto la noche,
la soledad de espinas, la angustia que surge
de vagar siguiendo los pulsos de tu nombre...
De a poco la distancia te arrancará de mí,
y así yo sentiré que me faltará lo único
que necesita mi alma para seguir huyendo.
Querrá agotarse entonces el cauce de mi sangre
y, como un árbol seco, me abrazaré a la tierra.
Algún día final, cuando menos lo espere,
te veré caminando como si fueses ciego,
con mi libertad apuñalando tu pecho de fantasma
y tus ojos helados brotando entre las piedras.







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