Peregrino psíquico
La soledad se me dibuja en el oído con olor a corola púrpura y amarilla. Se forma en el Círculo Polar Ártico y se concibe estupefacta. Es un poco blanca.
Mientras me agacho sobre el pasto verde de mi patio y miro el escarabajo arrastrando mi inconsciencia bajo la tierra húmeda.
El opio pululante y ausente.
La religión, extenuante. El cuerpo, extenuado.
Entre tanto, tu miras mis manos como cuenco sin agua y pareces ver un mundo tripartito en el que cada uno es un sol en alto, una tuerca o tan solo una gota de cristal enrojecida.
Y si miras mis ojos ves mas de lo que deberías.
Y si muestras tus dientes la situación se torna hipnótica, me desliza saboteando mi entereza mental y se devora a sí misma.
Y si miras mis venas ves un mapa adormecido llevándote tan dentro de mí que te alejas.
Y si tocas las heridas inexistentes de mi piel ves tu Cruzada irresoluta e inalcanzable.
Y si miras mi pelo ves un camino que te enreda los párpados a un estado cósmico de emigrante desde mi presencia a tu ausencia.
Y si tocas las arrugas de mi alma notas tu misión ya pronunciando su última palabra de desaliento para ella misma.
Y si miras mis sienes ves tu reflejo, presente y palpable, cansado de caminar por entre los recovecos de mi mente.
Y si pones en tu boca alguna palabra, que sea neurasténica.
Con tu mente, permíteme crear para mi un espacio resguardado de las tormentas cíclicas y de las nubes de arena, déjame arraigarme a algún lado y nombrarlo refugio.
En tu mente, lleva mi existencia nómade y llámala olvido.
Y si cierras tus ojos y tu boca, si permites que el deshielo llegue en invierno y las tormentas se colapsen entre tus dedos de pontífice, quizá hayas triunfado y cumplido con tu objetivo, tal vez hayas impuesto tu religión errante y yo pueda hacer algunos sacrificios, por su perpetuidad, en su altar quimérico.
Si cierras tus ojos, quizá te invente una dimensión aparte para que la llames recuerdo.
Si me miras si muestras tus dientes si tocas las heridas y las arrugas si pones en tu boca alguna palabra, permíteme formar el caos,
Permíteme darte un consejo:
Cierra tus ojos y sigue mis venas y mi pelo, no camines en mis sienes,
Deambula por tu mente y no uses tu sonrisa ni tu mirada,
Cierra tus ojos efímeros -sólo brillan un segundo y se convierten en lobo corriendo hacia ningún lado sobre la nieve, al igual que los míos-,
Clausura la salida de tus poderes,
Cierra tus ojos trashumantes y tal vez me quede sentada mirando como caminas en sentido contrario a cualquiera de mis deseos.







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